Capaz que la solución estuvo todo el tiempo frente a mis ojos y yo de necio no pude verlo. Hoy me senté frente al espejo, y vi todo aquello que durante mucho tiempo negué.
Hay filmes en los que un personaje le dice a otro que todo va a estar bien, que todo saldrá adelante, que nada malo sucederá. Aún a sabiendas de que su línea es una mentira.
Yo siempre preferí que me mintieras, te pedía que que me dijeras que los problemas se iban a solucionar, y vos lo hacías. A veces porque realmente lo creías así, otras porque era tu forma de no estar mal. Podemos bloquear una y otra vez la realidad, engañar a otros, a nosotros mismos, pero si hay algo a lo que no podemos evitar es al tiempo. Este, tarde o temprano, pasa. A veces llega casi al instante, y caemos rendidos, sin energía, sin poder oponernos a esta fuerza mayor, que nos empuja hacia adelante aun cuando no hay un suelo en el cual apoyarse. Y sí, duele mucho, pero ese dolor se va. El problema reside cuando todo demora más de lo debido. Cuando los meses, los años, pasan uno tras otro y el "todo estará bien" se extiende como un manto cuasi imperceptible que te rodea, te envuelve y te hace sentir mejor. Te da seguridad, confianza, te la vitalidad necesaria para volver a ponerte de pie y así poder caminar y caminar y caminar. Ya sea solo, o tomados de la mano. Pero como a todo lo que nace de una mentira, le llega su hora. Ya los griegos creían que el ser humano decía la verdad, no porque estuviera bien moralmente, sino porque era más fácil. Mentir cuesta, y mucho. Hay que elegir las palabras a decirse sabiamente, evitar la exageración, ser moderado, y luego, tener la inteligencia y memoria suficientes como para evitar contradecirse a uno mismo. Además de saber y poder cargar con el peso de aquello que ha sido erigido. Bendito sea quien cumpla con todas estas cualidades. Mas a veces mentir no es suficiente. Ya que no existen mentiras blancas, mentiras chiquitas o mentiras grandes. Todas son iguales, todas logran causar el mismo mal, todas terminan destruyendo lo que crearon. Porque lo que surja del engaño, terminará siendo consumido por este. Y desde adentro, de la forma más vil y agonizante.
Hoy contemplo lo que queda de lo que alguna vez fue. Y no puedo hacer más que bajar la mirada y pensar que, al menos yo, hice lo que pude. Y si tengo que adjudicarme algún error, será ese, haberte pedido que me mintieras.
sábado, 4 de agosto de 2012
miércoles, 1 de agosto de 2012
Dicen que los gatos tienen nueve vidas.
Sé que te echabas en el pretil de mi ventana sólo por conveniencia ya que sabías que era la última a la que le daba el sol durante el día, pero yo te quería igual, eras mi gata. Yo te nombré, tras una compañerita que me gustaba en jardinera de 4, la cual volví a ver muchos años después en el liceo y que rió mucho al enterarse de la noticia. Yo te asistí en tu único parto exitoso, y luego vi crecer
En fin, casi trece años no son pavada, obvio que hay muchas cosas que te vi hacer y otras tantas de las que fui partícipe.
Que en paz descanses Leto, te lo ganaste.
a Mordelón en casa de papá, el negrito ese el cual se convirtió en otro personaje de aquellos. Yo te dejaba colarte por la ventana del baño cuando iba bien temprano antes de clases, y me hacía el boludo cuando me iba de casa y te veía acostada en el sillón.
En fin, casi trece años no son pavada, obvio que hay muchas cosas que te vi hacer y otras tantas de las que fui partícipe.
Que en paz descanses Leto, te lo ganaste.
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Leticia (Montevideo, vacaciones de primavera, septiembre de 1999 - Shangrillá, 1º de agosto de 2012)
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sábado, 28 de julio de 2012
Los años de perro cuentan por siete.
Hoy se nos fue un compañero.
Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, de seguro con vos que
no se equivocaron. Un Gran Danés que todos sabíamos que algo de otra raza tenía
porque no podía darse un animal puro y tan inteligente. Tan noble. Una década
estuviste junto a nosotros, cuando eras un cachorro tonto que se patinaba en el
piso encerado de Shangrillá, cuando el invierno más crudo, en las buenas y en
las malas, siempre estuviste ahí, como el más leal de los acompañantes. Vos
solito tuviste que soportar a la rubia tarada de María Emila mientras cometía
esas asquerosidades con vos, se arrastraba por el piso del fondo, cuando te
tomaba del collar y te arrastraba a las olas y vos salías corriendo y le
ladrabas para que volviera porque no te gustaba el agua de la playa. Vos te
fumaste solito a esa labradora fallada. Y luego estuviste solo un tiempo,
rodeado de gatos y gallinas. Y fuiste como un padre para Mordelón, de quien
eras además amigo, su protector del barrio. Ningún otro felino se animaba a
cruzar la reja porque sabía que estarías del otro lado esperando para ver si
ahora se meterían con el escuálido negrito. Qué perrazo. Y criaste pollitos,
¡cómo te ponías con los pajaritos esos! Y un día te trajimos al campo, y te
agregamos caballos, ¡y vaya sorpresa te llevaste al ver que había animales más
grandes que vos! Y las vacas, las ovejas, más gallinas, los pavos, y dos perros
más. Sí, Lhasa que te tenía como un referente, como el sabio del grupo. Y
Patán, el shit terrier, que a excepción de un par de cachotes bien merecidos,
también lo trataste bien. Y siempre estuviste ahí. Nos acompañaste de principio
a fin. En todo. Y mil historias tengo para contar acerca de vos, acerca de lo
protector que eras, de lo bueno. Perro al cual hasta que no se le indicaba que
podía comer, no probaba bocado a pesar de estar babeándose como nunca, que
nunca robaba nada. Un ejemplo.
Y por ello siempre te recordaremos Moro, amigazo del alma. Que en paz
descanses, y seguí cuidando a los que están allá arriba que de seguro algo de
compañía no les viene mal.
lunes, 23 de julio de 2012
sábado, 21 de julio de 2012
Due.
Yo
siempre te amaré Yumiko, Pati siempre te amará, PP siempre te amará, Mateo
siempre te amará. Todos siempre lo haremos. Y eso no cambiará. Ni el paso de
los años, ni el cambio de marea, ni siquiera si el invierno se hace cada vez
más largo, gélido e insoportable bastará para hacer que este grupo de personas
que te quiso desde el primer día deje de hacerlo.
Y nunca
te tomaste en serio cuánto significabas para nosotros, para mí, cuán
inspiradora era tu presencia, nunca fuiste capaz de reconocer cómo al entrar en
cualquier habitación esta se iluminaba con tu sonrisa. O capaz que sí, y estas
son nada más que suposiciones de alguien
que está en cierta forma resentido por tu egoísta acto. Pero eso
lamentablemente es algo que te llevaste con vos.
Y hoy ya están cumpliéndose dos años desde que
te marchaste y nos dejaste solos en un vasto mar de sufrimiento bastándonos
pura y exclusivamente de nosotros mismos para mantenernos en pie y seguir
adelante. Ya un día sabiendo que no estarías más fue suficiente para que mi mundo se
viniera abajo, por lo que no es difícil de imaginarse lo que han sido estos dos
eternos años en tu ausencia.
La
psiquiatra una vez me dijo que este era el tiempo que se estimaba para que uno viviera
su duelo y estuviera de luto. Para que reconstruyera su vida y pudiera decirse
que todo es cosa del pasado, que pudiera ir hacia adelante sin estar
constantemente volviendo la mirada.
Y por
ello es que estoy escribiendo esto ahora, en cierta forma a modo de carta de
despedida. Me despido del vacío, me despido del dolor, de los momentos en los
que me sentía impotente, insignificante, innecesario. Le digo adiós al
sufrimiento.
Claro
que siempre te recordaré, claro que nunca vas a abandonar ese lugar que te
ganaste en mí, claro que volverás cuando No Doubt saque su nuevo álbum después
de más de una década el próximo septiembre, pero ahora todo será distinto. Ahora
puedo decir que lo he superado.
Yo siempre te amaré Yumiko, y tu huella en mí es una marcada tan en lo profundo de mi ser que nunca se borrará.
viernes, 6 de julio de 2012
It.
I've got this bitter sensation in the back of my head that still remains week after week. I feel like I want to throw up all the time.
domingo, 24 de junio de 2012
Intento 1.
El chico y el chico se miraron fijamente.
El segundo de ellos, de cabello despeinado, cara
pálida y agotada y mirada perdida, dio un paso al costado.
“Las cosas no serán así, no de nuevo”, se decía.
Pero sabía que sí lo serían, que sus sentimientos volverían a verse
involucrados, que su vida volvería a entrelazarse con la de otro, y que por más
de que luchara incansablemente por evitar la fatídica unión, no lo conseguiría.
Mientras tanto, el primero, más bajito, de cara
redondeada, y dulce y sonrojada sonrisa, sólo de disponía a observar. Hacía
rato que no lo hacía. Todo alrededor suyo pasaba demasiado deprisa, y él
tampoco contaba del tiempo como para detenerse a analizarlo todo. Cada segundo
gastado en dedicarle una cantidad significativa de tiempo a su efímero
alrededor, era un segundo menos para estar haciendo algo útil y productivo, pensaba.
Aun así, esta vez era diferente.
El tiempo se había detenido, ya no había
desperdicio. Era como si cada manecilla, cada número de litio, cada grano de
arena, hubieran sido estatizados por alguna fuerza misteriosa que les impidiera
avanzar. Las apuradas personas, la impaciente chica que siempre quería algo por
más de que no supiese bien qué, el sonido del aire; todo se había visto parado.
Todos menos los dos chicos. Estos parecían estar quietos,
pero por dentro cada célula de su cuerpo estaba agitándose cada vez más. El
corazón presentaba una leve taquicardia, las ideas recorrían sus cabezas
observando, analizando y concluyendo. Sus ojos se balanceaban de un lado a otro
buscando captar cada posible detalle, hasta el más minúsculo de ellos. Ahora
podía decirse que el segundo chico no era de la ciudad. Su chaqueta gris era
claramente de origen extranjero, el cigarrillo que sostenía con cierto
temblequeo en la mano derecha no se vendía en el país y al hablar mantenía un
fascinante acento. Una mezcla de varios, a decir verdad, jamás antes escuchado
por el primero.
Cada instante duraba como miles ahora. La cortada
respiración de ambos era lo único que se escuchaba, a pesar de que momentos
atrás el bullicio de personas agitadas, danzantes, que hablaban, reían,
cantaban, gritaban, inundaba el lugar.
Nada era como parecía.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Mysterious Skin.
And as we sat there listening to the carolers, I wanted to tell Brian it was over now and everything would be okay. But that was a lie, plus, I couldn't speak anyway.
I wish there was some way for us to go back and undo the past. But there wasn't. There was nothing we could do.
So I just stayed silent and trying to telepathically communicate how sorry I was about what had happened. And I thought of all the grief and sadness and fucked up suffering in the world, and it made me want to escape. I wished with all my heart that we could just leave this world behind. Rise like two angels in the night and magically... disappear.
lunes, 21 de mayo de 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
domingo, 29 de abril de 2012
Involucrarse en el intercambio de emociones humanas, cuánta satisfacción.
Lo recuerdo como si fuera ayer, yo estaba en los primeros años del liceo y me había inscripto en la Olimpíada Nacional de Matemática. Era un sábado, segunda instancia, ahora a nivel departamental, y yo, siendo consciente de mi capacidad, dije no y me fui. Entregué los pocos ejercicios que había hecho y me fui. Camine la media cuadra que hay hasta mi casa, con el cuello del estómago anudado, y al llegar a mi cuarto, me desplomé sobre la cama a llorar. Al principio me sentí un inepto, pero a la misma velocidad a la que enciende una lamparita, me di cuenta que no lo era. Que mi aflicción era la frustración, el saber que podía salvar pero que había dejado a mitad del camino. El abandonar. El desistir. (Caso aparte, al final pasé y ese año gané una mención de honor, irónico, ¿no?).
Desde entonces, cada vez que emprendía algún proyecto, sin importar su índole, me la rebuscaba de todas las formas posibles para que saliera adelante. Cada vez quería algo, luchaba por ello hasta el cansancio. Y cuando ese algo era un alguien, no había nada que me hiciera entrar en razón, siempre lo valía. Valía la humillación, valía el sufrimiento, valía el desvelo, valía el reto de mis amigos, porque sabía que al final, las cosas iban a ser mejores. Que todo era como había aprendido en filosofía de cuarto grado y que se presentaban estas ocasiones en las que era necesario perecer un mal menor para luego disfrutar de un placer mayor.
Pero ahora no sé qué me ocurre. "Sí, te entiendo, está todo bien. No pasa nada, en serio.". Y así me quedo con ganas de más, así quedo inconforme, así quedo mal. No sé si es algo del momento, una respuesta de mi organismo a todo lo que me he rebajado últimamente por mi ex. Una forma inconsciente que tengo de decirme que mejor me siento a esperar antes de dar un paso adelante. A pesar de que yo no entienda por qué, yo solía llevar el persevera y triunfarás pegado en la frente, no era así. Ahora abandono.
"¿Qué me está pasando?", interrogante que no para de resonar en mi cabeza. Me mantiene en pie saber que todo esto es por ahora, y que pronto las cosas volverán a ser como antes.
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