miércoles, 30 de marzo de 2011

BF♥.

The dog days are over, I know, but you don't have why to run fast, you can simply walk, walk by my side (the left one, of course). Be free to show who you are, and don't be afraid, I will always take it with a hussy smile on my face, some blush on the cheeks and that naughty expression in my eyes you love.
La maravilla de tener a alguien que no apareció con el mero fin de quitarse las ganas de hacer algo o con el objetivo de rellenar un espacio vacío, es que todo lo que haces, lo haces improvisadamente y mostrándote tal cual eres. Una llamada telefónica, un "barsucho de la esquina", una mirada, un cielo estrellado, todas cosas no planeadas, pero geniales. Porque al fin y la cabo, si se quiere, se puede. Y queremos, así que podemos.

sábado, 19 de marzo de 2011

La única excepción.

Cuando ya crees que todo está terminado, que todo por lo que creías se acabó, aparece la luz. Y te sientes bien, muy bien. Eres feliz.
Y ya están por pasar ocho meses.
Te tomas un taxi, ves cómo las fichas pasan desde las 42 a las 57 parado en una esquina, y luego, de la nada te estás besando con esa persona con la que ni se te ocurría que terminarías estando. Y vuelves a ser o al menos sentirte feliz. Y tu viejo le manda un saludo. Y son las 4 a.m. y estás escribiendo desde la laptop de un amigo en la otra punta del país, y te dices a ti mismo: "¿Qué carajos hago aquí?". La respuesta es sencilla: "Eres feliz (y pospones el inicio de clases)".
Y todo se vuelve alegre, y a pesar de escribir cual notas en una agenda, sabes que la intención es lo que vale.
Y la felicidad se presenta, con nombre y apellido.



jueves, 3 de marzo de 2011

Bailabamos.

Porque los amigos de verdad, son los que se tienen en el speed dialing (capacidad: 8 caritas). 

Y como la noche dio para más, simplemente continuamos. Lo que comenzó bajo un cielo estrellado, concluyó al rayo del sol. La música copada, la alegría presente y los idiotas afuera. Todo fue magia, todo fue mágico, y los fuegos artificiales estallaron en el cielo nocturno.

sábado, 5 de febrero de 2011

Gorda Pelotuda. [Capítulo 2]








De camino a la oficina.

De camino a la parada del colectivo te cruzaste con una llamativa moneda brillante tirada al costado de la vereda, y debido a ese apetito voraz e insaciable que te caracteriza te agachaste a levantarla. "¿Con qué necesidad?", fue lo que un coro de querubines que sobrevolaba la zona exclamó al ver como la corta falda se iba remangando lentamente hasta quedar arrollada como la piel de un Chow Chow, dejando al descubierto una atrevida y "picante" tanga atigrada. Fue tan pero tan grande el espanto con el que quedaron los pobres angelitos que uno terminó impactándose contra la copa de un árbol cercano.
Mas el sobresalto general de la calle superó ampliamente al susto de los pequeños voladores, ya que al ver ese embutido blanco saliendo presurosamente de entre aquellas piernas un niño que se dirigía al colegio en su bicicleta terminó en el suelo con una paleta quebrada, una viejecita que iba camino a la feria se dio la vuelta y volvió rápidamente a su casa rezando dos Padres Nuestros y un Ave María, y hasta un auto desvió su trayecto dándose de lleno contra una columna, debido a que el conductor quedó atónito ante tal espectáculo.
¿Y la mujer? Ya con su moneda en la cartera, su vestido indiscretamente acomodado con un tirón de cada lado y un sacudón de cadera simultáneo (más la infaltable subida de senos y bretel), y sin haberse percatado en lo más mínimo de lo que ocurría a su alrededor, dio un paso al frente, luego otro, y así sucesivamente hasta llegar a la parada. Una vez allí se acercó a la ventanilla del kiosco que se ubicaba al lado, se compró un refresco "light", cuando todos sabemos que no le sirve de nada, una medialuna de jamón y queso, a pesar del desayuno, tremendo desayuno, que se acababa de mandar, y un paquete de chicles sin azúcar, para los dientes, y se paró a comer su primer "bocadillo" matinal hasta que llegó el ómnibus. Todos la miraron de reojo mientras se subía al gran vehículo y luego de pagar el importe del boleto se fue a sentar. Ahí las miradas se incrementaron ya que la mujer pretendía sentarse y no había dos asientos vacíos juntos, por ende un pequeño niño se vio afectado al ver ese enorme trasero dirigirse encima suyo y no poder hacer nada al respecto, terminando cuasi aplastado y sin aire en sus pulmones, por lo que expresar algo en un grito le fue imposible. Para su suerte, la parada siguiente era la suya así que saltó de una forma indescriptible y pudo escapar de aquel asiento maldito. Ahora sí, ¡los dos asientos eran suyos! Siete minutos más de viaje y la travesía llegó a su fin. Se paró, pidió infinitos "permisos" y "disculpas" y al fin se bajó. Un ómnibus entero lo agradeció.
Para su suerte, la oficina pública en la gastaba sus horas útiles se encontraba a media cuadra. Caminó con paso relajado hasta ahí, abrió la puerta de personal y entró.
Fin del capítulo dos, ya se vendrá en tres :D

jueves, 3 de febrero de 2011

Yo no se por qué.



































Un día te despertaste y dijiste: ¿dónde quedaron los juegos de cuando éramos niños? Y ahí lo notaste, ya no estaban. Te calzaste las pantuflas y empezaste a recorrer espantado tu habitación de un rincón a otro, sin hallar nada. Primero buscaste abajo de la cama, seguiste por arriba del ropero y llegaste hasta el fondo de la repisa pero, nada. Allí no había nada. Un poco más tranquilo, pero todavía asustado decidiste pellizcarte para ver si todo eso era o no un sueño, dolió, así que estabas despierto. Fuiste al baño, en un intento desesperado por descubrir si los juegos se escondían detrás de la cortina de la ducha, pero no, la corriste y no había nada.
Fuiste al patio del fondo, y te diste cuenta de que las hamacas de madera que te había hecho tu tío para tu sexto cumpleaños no estaban más y en su lugar había un montón de hojas y ramitas resultantes de la poda de los pinos. Con tu mano derecha restregaste tus ojos para comprobar si lo que veías era cierto y así era, allí no había más que un cansado perro durmiendo, pasto, una parrilla sucia de hollín y un pequeño cobertizo con la puerta algo arruinada por la humedad, lo que te dejó desolado. ¿Tan rápido había corrido el tiempo? ¿Hacía tanto que habías descartado ese precioso tobogán por el descodificador digital? Las preguntas eran obviamente retóricas.
Entraste, te serviste un café y cuando tu hermanita bajó de su habitación al comedor la saludaste con un beso y un largo y apretado abrazo que le dejó los bracitos doloridos, cosa que impresionó un poco a tu madre. Se sentaron a la mesa y le preguntaste si se acordaba de sus juegos de niña, de los libros de cuentos, de las "aventuras en el cantero del medio", y te contó acerca de una mujer. Una mente brillante, una verdadera maestra del entretenimiento infantil. Luego de contarte acerca de como mataba las aburridas tardes de siesta con sus canciones, tanto tú como tu hermanita se miraron con cara sorprendida. ¿Pero cómo es posible? Estás hablando de la misma autora del pequeño librito acerca de la "Jirafa no sé qué" que tanto te gustaba de pequeño y de la canción que hasta el cansancio escuchaba tu hermanita en formato mp3. A lo que tu madre con mirada comprensiva te dijo: "Sí hijo mío, esa mujer ya ha alimentado la imaginación y ha divertido a más generaciones que cualquier otra. Le ha dado rienda suelta a su creatividad y ha demostrado que, con un par de prosas o unos minutos de música, la infancia puede ser algo mucho más hermoso y alegre". Las palabras quedaron colgando en el aire, como la lampara que iluminaba las cenas y tú simplemente sonreíste, le diste un sorbo a tu café y te fuiste a cambiar para ir al liceo. Es que sí, ya estás en tu último año, y vuelves a pensar "como vuela el tiempo", pensando como si fuera ayer cuando descalzo saltabas y bailabas en la mesita ratona del living (la cual hoy en día con solo sentártele encima se quebraría) con un calzón en la cabeza y una media en cada brazo durante horas, sin que nada te importara y con la idea de que todo era fantástico e impecable y que ese momento duraría para siempre. 






Esto va dedicado a la maravillosa María Elena Walsh que desde La mona Jacinta en 1960, pasando por Una jirafa filarmónica en el 96 hasta el clásico que luego llegó la gran pantalla en 1999, Manuelita, ¿dónde vas?, supo maravillar a generaciones de una misma familia con una magia y una sana diversión inigualables por ningún otro jamás. A la madre que todavía ríe, al adolescente que pone cara de serio pero que por dentro esboza una pícara sonrisa y a la niña, la inocente niña, que sabe que todavía faltan muchas travesuras por cometer y que muchas naranjas aún quedan por pasear de la sala al comedor.


Muchas gracias, de corazón, ya que iluminaste a este iluso y tontuelo pequeñín con tus rimas y oraciones de una manera que nunca nadie más logró durante su infancia. Ya que cada vez que pienso en alguna de tus composiciones me viene a los ojos ese brillito especial que me recuerda un tiempo pasado que tantas sonrisas me dio. Sé que esto es poco, pero es mi humilde agradecimiento. Simplemente gracias por todo lo que me brindaste. Hasta siempre soñadora.








María Elena Walsh, 1 de febrero de 1930 - 10 de enero de 2011. 

"Manuelita la tortuga" (1962):


Manuelita vivía en Pehuajó




pero un día se marchó.
Nadie supo bien por qué
a París ella se fue
un poquito caminando
y otro poquitito a pie.

Manuelita, Manuelita,
Manuelita dónde vas
con tu traje de malaquita
y tu paso tan audaz.


Manuelita una vez se enamoró
 de un tortugo que pasó.
Dijo: ¿Qué podré yo hacer?
Vieja no me va a querer,
en Europa y con paciencia
me podrán embellecer.

En la tintorería de París
la pintaron con barniz.
La plancharon en francés
del derecho y del revés.
Le pusieron peluquita
y botines en los pies.

Tantos años tardó en cruzar el mar
que allí se volvió a arrugar
y por eso regresó
vieja como se marchó
a buscar a su tortugo
que la espera en Pehuajó.

domingo, 30 de enero de 2011

Ah, listo.

¿Qué onda? ¿Somos TODOS amigos ahora? 

Un día no sos NADIE y al siguiente andas posteando esto y aquello por aquí, por acá y por acullá. Mandando mensajes, haciendo llamadas, ¿saliendo a bailar? No entiendo, la verdad que no entiendo un carajo qué es lo que ocurre. Y encima, como si fuera poco, abres tu boca y con ello dices un montón de líneas, frases y oraciones subordinadas que me afectan a mi. Cosa que no me parece para nada bien. Las cosas hay que hacerlas bien, y que hayas aparecido de la noche a la mañana no quiere decir que ya puedas andar por ahí haciendo lo que quieras, actuando como quieras y jugando a ser grande y tenerlas todas claras.
¿Quién te crees? Para mí, eres solo un pequeño pez de arroyo jugando en el océano, y debo de advertirte por tu propio bien, que en el gran mar hay peces mucho más grandes y tiburones, feroces tiburones de esos que poseen tres series de dientes cada uno más afilado que el anterior. 
Mira que aquí las cosas se aprenden a los tumbos, y uno se da muchos pero muchos porrazos. Y duelen, oh sí que duelen.
La actitud no es ir por la vida hablándote con esta y con aquella, imponiendo opiniones y jugando sucio. No, si hay algo que no toleraré es el juego sucio. Podré ser egoísta, narcisista, antipático y hasta idiota, pero que cumplo reglas y códigos más viejos que yo, los cumplo. El doble discurso me parece patético. Un día soy una persona importantísima en tu vida, a la que le debes mucho, a la que le agradeces más aún y a la semana ¿"te chupo"? La verdad es que no te entiendo. Es cierto que al separar nuestros caminos podía pasar que nos volviéramos a encontrar y no en el mejor de los cruces, pero eso no quiere decir que te tuvieras que interponer en el camino de nadie. Yo llegué primero y por lo tanto reclamo lo que es mío. Tarde piaste querido.
Así que ya sabes, aquí las cosas son sencillas. Tú te ubicas en tu lugar, y todo sigue su curso normalmente. Y por favor, no te entrometas en lo que no te incumbe, no vengas si no te llaman y no trates de hacerte el vivo que después de todo cuando tú comprabas las naranjas y los duraznos yo ya me había tomado el licuado.


Pendejo.




Gorda Pelotuda.

Mañana en casa.


¡Oye! ¡Hey! ¡Gorda! Despierta. Te espera un largo día.
Hoy vas a tener que mirarte al espejo y decirte: ¡Qué cara' están las papas, che! Te vas a bañar, y mientras lo hagas, recorrerás toda la extensión de tu cuerpo con tus regordetes dedos, notando lo mucho que te cuesta llegar al extremo de ciertas extremidades y como hay partes de tu enorme cuerpo que se agrandan con el paso de los días, pero que mintiéndote descaradamente a ti misma, las sientes y te dices: me hinché.
Del ropero eliges aquel vestido ancho, de lineas verticales que tanto te gusta y que tanto usas para, como ya todos saben, disimular la contundente pelota que cargas a todas las partes.
Tomas tu bolso y saltas (bah, más bien caminas) a la siguiente habitación. La sartén cruje, la taza ya está cargada de café, los huevos van tomando color gracias a la innecesaria cantidad de manteca que les has puesto, y tú te arrimas contenta a la mesada de la cocina para manducarte toda esa enormidad de comida que devoras vorazmente en un abrir y cerrar de ojo. Tu estómago cruje un poquito, haces un corta parada en el baño, y te pones el saco negro que te regalaron para navidad.
Abres la puerta, y te vas a la parada del colectivo.
Otro capítulo comienza, éste de cierra.



jueves, 20 de enero de 2011

6 meses.

[Escrito para ser leído el 21 de Enero del 2011, publicado el 20 del mismo mes debido a que no sé si lo podré publicar el mismo día.]




En la vida de una persona promedio, seis meses no representan algo muy trascendental. Medio año, veinticuatro semanas no es mucho. No quieren decir mucho. Pero claro, eso en la vida de un pibe común y corriente, al que nada le ha ocurrido y el cual por nadie tiene que llorar.
Para mi seis meses son el tiempo transcurrido desde que te fuiste. Desde que desapareciste de la faz de la Tierra en alma, desde que falleciste.
Y uno se pone a pensar. 
En este tiempo terminé otro año de liceo, di mi primer examen (y lo salvé), me fui de vacaciones, me enamoré una vez, hubiera sido tu cumpleaños, fue el mío, fue navidad y hasta cambiamos el calendario de la cocina por uno nuevo. Pucha que se hacen cosas en seis meses que, a la vista de alguien inalterado por las desgracias que a veces ocurren, son insignificantes y carentes de sentido, pero que para una familia y un montón de amigos, se transforman en el primer mes sin, en el primer cumpleaños sin, en la primer navidad sin, y se siente eso, se siente en lo profundo del corazón, muy adentro, donde a veces uno se olvida que algo había ahí.
El tema es que el 21 ya es una fecha en la que algo más pasa. Este 21 es el cumple de Toni, y el de Febrero es el de mi viejo y el de mi amiga del Urban y en Marzo va a ser otra cosa, o sea, estoy llevándola y dándome cuanta de que ya van a ser 6 MESES, o sea, MEDIO AÑO. Un montón, un montonazo.
Este período de tiempo equivale a la cuarta parte del tiempo medio de "luto" establecido por psiquiatras en casos de esta índole. En otras palabras, un cuarto de dos años. Y sí, también fui a la psiquiatra debido a la perdida que hoy cumple seis meses, además de un par más que venía arrastrando. Ahora que lo pienso bien, lo único que no he perdido es la cabeza, debe de ser porque está pegada, y muy bien pegada. La doctora, la mujer con la que charlaba los jueves por la tarde la tiene muy clara (cosa que vengo repitiendo hace rato). Gracias a ella, en parte, es que mi punto de vista a cambiado y bastante. No voy a comenzar con el "carpe diem" y con la filosofía de vivir cada día como si fuera el último, pero no voy a negar que aprendía a valorarla distinta a la vida. Hoy por hoy mi perspectiva acerca de lo que ella significa y representa es mucho más amplia y puedo considerarme un "buen viviente". Y a lo que la psiquiatra también me ayudó fue a asimilar mejor tu partida. Hoy puedo estar escribiendo esto por segunda vez sin derramar lágrimas, y no es que no las sienta, que no me pesen o que mis ojos no se pongan vidriosos, pero puedo perfectamente escribir acerca del tema, hablar acerca de él, sin llorar.
Seis. Número maldito para el cristianismo, tanto que todavía me acuerdo del día seis de junio del dos mil seis (06.06.06 o 666) cuando toda, y no exagero, toda mi clase de primero de liceo estaba alborotada y hablaban del Día del Diablo como si el mundo fuera a acabarse, hoy ya sabemos que eso ocurrirá el 21.12.2012.
Me fui por las ramas, para variar. Tanto que esta es la sexta hojita del block en el que lo escribí todo. Y para quedar bien con la numerología, también será la última.
En resumidas cuentas, por más de que el maldito vacío a veces se presente, afortunadamente con cada vez menos frecuencia, ya pasaron seis meses desde que te moriste Yumi, ya pasaron seis meses desde que hablo acerca de mi hermana en pretérito, ya pasaron seis meses desde que te fuiste.
Y sin previo aviso, derramé una lágrima.

Llamada perdida.


- Hola.

- Hace mucho que no te llamaba, que no hablábamos.

- ¿Cómo estás?


- Pa, la verdad es que tengo ganas de salir contigo y que pongas cara de pancho porque necesito reirme un poco.


- Y quiero tomar vino, SÍ, quiero tomar vino con vos e ir por la rambla, caminar, charlar, joder, pelotudear un rato y nada, eso. ¿Cómo estás?




- Creo que ya te lo pregunte eso.


- ¿Y la UTU?


- ¿Terminaste 2do nene? ¿O vas a recursar dos materias?


- ¿O tres como la Letu?


- ¿Sabés qué? Te extraño. Listo, lo dije.


- Yo sé que atomizo (como en la Open, perdón por eso), pero contigo necesito decir las cosas.




- Ale, me voy a cenar, Pati hizo milanesas.


- Te quiero mucho abollado, chau.




[Y este es el momento en el que aprieto el botón rojo y suelto una lágrima, como ahora].

martes, 23 de noviembre de 2010

Sobre cómo mi cabeza hizo PUM.

¡Maldito seas! Maldito seas parásito que habitas en el rincón más profundo de mi cabeza. Malditos sean tus estados de ánimo, tus rabietas, tus pataletas, tus celos. ¡Maldición! Gracias a ti, he maldecido más en estas líneas que en mi vida entera. Gracias, de veras lo aprecio mucho. Y no es tarea sencilla tener de huésped allá atrás alojado. Ya que no pagas la renta, tu horarios cambian como el viento, te paseas de un lado a otro causando estragos a tu paso y nada te importa, ya que sabes que pase lo que pase, no serás tirado a la calle. No. Ya que como todo buen parásito que vive en la cabeza, la única forma de echarte de aquí es integrándote, haciéndote parte de mi organismo, integrándote a mis funciones. ¿Y eso como se logra? Admitiendo que no hay tal parásito, que no existen, que no eres más que un producto de mi imaginación para justificar mis actos, mis sentimientos. Eres sólo una pequeña creación de mi cerebro para culparte de los errores, de las fallas, de las decisiones tomadas que no resultaron. Eres solamente eso, un invento, un error en mi sinápsis, un "algo" cuyo propósito es ser culpado de cuando me ponga mal, de cuando hago algo estúpido, se cuando algo no anda bien. De cuando algo no está bien.
Así que habiendo aclarado esto, te deseo la mejor de las suertes criatura de mi psiquis, espero que encuentres otra mente que perturbar, otra persona que traumar y otro corazón que hostigar.
¡Adiós! :D 




108 cosas que me hacen recordarte.

  1. Bebe (la cantante).
  2. Te abracé en la noche de Cabrera.
  3. El First (FCE).
  4. El idioma alemán.
  5. Las lesbianas.
  6. Los Malboro Blue (aunque creo que fumabas Red).
  7. Zara.
  8. El café con leche con espuma.
  9. Eurodisney.
  10. Nietzsche y su cosa esa del camello, el león y el niño.
  11. La niña de Nietzsche.
  12. La filosofía.
  13. Sociología de 5to y Derecho de 6to.
  14. Gratarola (sé que me odiarías si pudieras leer esto).
  15. La dalia negra (The Black Dalia).
  16. Men señará.
  17. Las fiestas de electrónica.
  18. Hacerme fan o unirme a grupos del fb raros en los que te veo como miembro y digo ¿WTF? ¿Y ésta qué carajo hace acá?
  19. Ella.
  20. La electrocumbia porteña y esas fiestas a las que no asistimos.
  21. Las telas.
  22. Los boletos de estudiante categoría B.
  23. El CA1.
  24. Escribir con coherencia y cohesión, sin faltas de ortografía y corregir todo antes de publicar, firmar y/o entregar.
  25. House.
  26. Donnie Darko.
  27. Maradona.
  28. Los dibujos de flores (del estilo de las que hay en las bermudas hawaianas).
  29. Los nombres ponjas.
  30. Pati.
  31. Entrar al cuarto de al lado.
  32. Los osos gigantes de peluche.
  33. El puff.
  34. Las camisas de mujer a cuadritos rojos y blancos.
  35. Tres Cruces.
  36. El parcial de filosofía.
  37. Los 21 de cada mes.
  38. Austria.
  39. El apellido Somarugga.
  40. Joaco, nuestro primo.
  41. Cristina, y su “Ven conmigo”.
  42. Los Back Street Boys.
  43. La música disco, setentosa, especialmente Funky Town y Sophysticated Mamma.
  44. Siempre me quedará.
  45. El acné.
  46. La crema antiacné súper potente que me dio mi abuelo.
  47. Los Pablos.
  48. El Blockbuster de Malvín.
  49. Decir Virginia.
  50. El cine independiente.
  51. Bollywood.
  52. Cuando se muere Dumbledore.
  53. Stephen Hawking.
  54. La moda.
  55. El TeleChat.
  56. La casa grande.
  57. Cuando Mateo se mete un dedo en la nariz y se come un moco.
  58. Ver a Mateo con novia.
  59. Los pelirrojos que estudian psicología.
  60. Mí egoísmo, mí narcisismo, mis ismos.
  61. Buitres.
  62. Las modelos de desnudos.        
  63. Las manzanas verdes.
  64. Los zapallitos.
  65. Las galletitas de manteca con forma o de luna o de estrella.
  66. Las magdalenas.
  67. Los scones.
  68. Los molletes.
  69. Comer dulce de leche del tarro con cucharita.
  70. Lavarme las manos y los dientes muchas veces al día.
  71. Rebajarme el pelo con navaja.
  72. Ser yo mismo.
  73. Malo.
  74. La chica aquella de tremendos ojos que iba al liceo de Shangrilá.
  75. Mamma Mia!
  76. Britney en sus comienzos (Baby one more time, Oops I did it again).
  77. Las tortas de chocolate con merengue italiano requemado arriba.
  78. Pelear con Mateo.
  79. LDN de Lily Allen.
  80. El liceo de Shangrilá.
  81. Martín Buscaglia.
  82. Las milanesas al horno.
  83. Los escarbadientes de las rellenas.
  84. Decir cosas en mejicano.
  85. Decir: Chingó.
  86. Buenos Aires.
  87. El Prado.
  88. Gwen Stefani.
  89. No Doubt.
  90. Blink 182.
  91. Sum 41.
  92. Green Day y todas las otra bandas de tu etapa punk.
  93. Don’t speak.
  94. El dolor de espalda.
  95. The Redwalls y su “Thank you”.
  96. San Gregorio de Polanco.
  97. 4º9.
  98. The Killers – Bones.
  99. El programa de Much Music donde había un flaco y una  flaca haciendo entrevistas.
  100. Mtv.
  101. Las marchas por la diversidad.
  102. Mi J300.
  103. Los churros del Pqe. Rodó.
  104. Caminar por la rambla montevideana los sábados.
  105. La plazita de los 33.
  106. Elvira.
  107. el Winnie Pooh con disfraz de pollito.
  108. Los apellidos judíos raros.



lunes, 22 de noviembre de 2010

Represalia.

Hoy me siento bien, 
siento que el mundo es mío, 
que puedo tomarlo con una sola mano. 


Que ya nada puede afectarme, 
que las fantasías son cosas de antes, 
que los sueños quedaron atrás,
ya que hoy hay HECHOS.

Pero como me siento así, 
también veo las nubes, 
veo el sillón de la plaza mojado, 
el perro que olfatea el pasto con hambre, 
los meses que dejan su marca.

Ayer fue 21, 
ayer ya fueron cuatro los meses desde que partiste, 
ayer ya fueron ciento veinte los días de tu ausencia, 
ayer ya fueron incontables las horas sin tu presencia.

Y hoy es 22, 
hoy es un nuevo día, 
hoy puede ser un gran día, 
aber du bist nicht hier bei mir, y eso me duele.

Y sólo me quedan palabras, 
palabras de ánimo, palabras que me alientan a moverme, 
a pararme del banco de una plaza del centro, 
y a decirme: "¡Vamos Joaquín!, que llegas tarde a tu ultimo día de alemán".