jueves, 21 de abril de 2011

Nio månader.

Hola, vacío. Tanto tiempo. Creo que ya me había acostumbrado a no volverte a ver la cara nunca más, a que ya todo estaba bien y que en realidad tu estadía en mí pecho había caducado. Pero no es así, mierda que no es así. Ayer regresaste, y fue casí tan dolorosamente como aquella vez hace ya nueve meses. Es que sí, el tiempo vuela desde tu partida y sin darme cuenta ya tres cuartos de año fueron vividos sin tu presencia. Es tanto el tiempo que hoy, precisamente hoy, nació una vida concebida el mismo día que la tuya llegaba a su fin. Una se marcha y otra llega, es así, y lamentablemente (o tal vez por suerte) nada en nuestra insignificante existencia humana podemos hacer para cambiarlo.

"Flaco, no quiero joderte, pero, tu hermana era una luz". Sí que lo eras. Brillabas e iluminabas a tu paso el salón al que entraras, aún en tus peores momentos, aún cuando creías, equívocamente, que la vida no te sonría, que tus viejos no te prestaban atención, que no le importabas a nadie. Pero, ¿sabés qué? Sí le importabas a alguien, a mucha gente en realidad, ya que si no fuera así, hoy no habría un adolescente escribiendo acerca del fuckin' dolor que le produce pensar en vos a pesar del tiempo que ya pasó. Adolescente que tuvo la suerte de poder viajar a Buenos Aires y que pudo, al fin, aclarar una parte de tu vida de la cual no sabía nada. Y creo que eso es precisamente lo que me permitió volver a llorar, y a llorar como un bebe al que le quitan su chupete, y llorar y llorar y alivianar un peso que llevaba encima y que era tan tortuoso que ya ni sabía cuándo se iba a ir. Y me siento mejor, de hecho, gracias a personas como mi novio (con el cual habrían sido excelentes amigos), que me da su hombro y no le importa ni que escuche como cuatro o cinco canciones que solo me hacen llorar más y más y ni que le moje el suéter. 
Pero la cuestión es esa, nueve fucking meses, y solo pienso en cuan disitinto habría sido todo.

martes, 19 de abril de 2011

Frenillos.

Mi madre me dijo una vez que si no sabés nada acerca de las relaciones humanas, que si no sabés como tratar bien a una persona o que si no sabés como aproximártele a otra, la inteligencia, saber la raíz cúbica de π o saber qué es la trigonometría, no sirven de nada. Al principio la ignoré, le dije que no me rompiera las pelotas y di un portazo. Hoy sé que estaba en lo cierto, muy en lo cierto.

domingo, 17 de abril de 2011

Intromisión.

Te quiero mucho, pero MUCHO Joaquín. Como verás no digo mucho lo que realmente siento, no porque no lo sienta sino porque toda mi vida en mi casa se me/nos enseñó que cuando una persona se dejaba guiar por sus sentimientos, ella misma (u otras personas) iba a salir lastimada, al menos ese es el ejemplo que nos dieron mi madre y padre; pero posta quiero que sepas que cuando te digo que te quiero, lo digo realmente ya que para mí supone un esfuerzo terrible poder decirle eso a otra persona, soy MUY cerrado en cuanto a expresar mis sentimientos cuando éstos son "positivos", ya que para mí expresar mis momentos de histeria u odio (como tal vez habrás visto) es algo totalmente normal.
Y bueno no sé, soy re chota haciendo este tipo de cosas (?) xD "There are many things that I would like to say to you but I don't know how", pero creo que lo que te quería decir lo dije, lo demás comenzaré a comunicártelo en persona o a través de acciones :)
Love, Pablo. 


miércoles, 30 de marzo de 2011

BF♥.

The dog days are over, I know, but you don't have why to run fast, you can simply walk, walk by my side (the left one, of course). Be free to show who you are, and don't be afraid, I will always take it with a hussy smile on my face, some blush on the cheeks and that naughty expression in my eyes you love.
La maravilla de tener a alguien que no apareció con el mero fin de quitarse las ganas de hacer algo o con el objetivo de rellenar un espacio vacío, es que todo lo que haces, lo haces improvisadamente y mostrándote tal cual eres. Una llamada telefónica, un "barsucho de la esquina", una mirada, un cielo estrellado, todas cosas no planeadas, pero geniales. Porque al fin y la cabo, si se quiere, se puede. Y queremos, así que podemos.

sábado, 19 de marzo de 2011

La única excepción.

Cuando ya crees que todo está terminado, que todo por lo que creías se acabó, aparece la luz. Y te sientes bien, muy bien. Eres feliz.
Y ya están por pasar ocho meses.
Te tomas un taxi, ves cómo las fichas pasan desde las 42 a las 57 parado en una esquina, y luego, de la nada te estás besando con esa persona con la que ni se te ocurría que terminarías estando. Y vuelves a ser o al menos sentirte feliz. Y tu viejo le manda un saludo. Y son las 4 a.m. y estás escribiendo desde la laptop de un amigo en la otra punta del país, y te dices a ti mismo: "¿Qué carajos hago aquí?". La respuesta es sencilla: "Eres feliz (y pospones el inicio de clases)".
Y todo se vuelve alegre, y a pesar de escribir cual notas en una agenda, sabes que la intención es lo que vale.
Y la felicidad se presenta, con nombre y apellido.



jueves, 3 de marzo de 2011

Bailabamos.

Porque los amigos de verdad, son los que se tienen en el speed dialing (capacidad: 8 caritas). 

Y como la noche dio para más, simplemente continuamos. Lo que comenzó bajo un cielo estrellado, concluyó al rayo del sol. La música copada, la alegría presente y los idiotas afuera. Todo fue magia, todo fue mágico, y los fuegos artificiales estallaron en el cielo nocturno.

sábado, 5 de febrero de 2011

Gorda Pelotuda. [Capítulo 2]








De camino a la oficina.

De camino a la parada del colectivo te cruzaste con una llamativa moneda brillante tirada al costado de la vereda, y debido a ese apetito voraz e insaciable que te caracteriza te agachaste a levantarla. "¿Con qué necesidad?", fue lo que un coro de querubines que sobrevolaba la zona exclamó al ver como la corta falda se iba remangando lentamente hasta quedar arrollada como la piel de un Chow Chow, dejando al descubierto una atrevida y "picante" tanga atigrada. Fue tan pero tan grande el espanto con el que quedaron los pobres angelitos que uno terminó impactándose contra la copa de un árbol cercano.
Mas el sobresalto general de la calle superó ampliamente al susto de los pequeños voladores, ya que al ver ese embutido blanco saliendo presurosamente de entre aquellas piernas un niño que se dirigía al colegio en su bicicleta terminó en el suelo con una paleta quebrada, una viejecita que iba camino a la feria se dio la vuelta y volvió rápidamente a su casa rezando dos Padres Nuestros y un Ave María, y hasta un auto desvió su trayecto dándose de lleno contra una columna, debido a que el conductor quedó atónito ante tal espectáculo.
¿Y la mujer? Ya con su moneda en la cartera, su vestido indiscretamente acomodado con un tirón de cada lado y un sacudón de cadera simultáneo (más la infaltable subida de senos y bretel), y sin haberse percatado en lo más mínimo de lo que ocurría a su alrededor, dio un paso al frente, luego otro, y así sucesivamente hasta llegar a la parada. Una vez allí se acercó a la ventanilla del kiosco que se ubicaba al lado, se compró un refresco "light", cuando todos sabemos que no le sirve de nada, una medialuna de jamón y queso, a pesar del desayuno, tremendo desayuno, que se acababa de mandar, y un paquete de chicles sin azúcar, para los dientes, y se paró a comer su primer "bocadillo" matinal hasta que llegó el ómnibus. Todos la miraron de reojo mientras se subía al gran vehículo y luego de pagar el importe del boleto se fue a sentar. Ahí las miradas se incrementaron ya que la mujer pretendía sentarse y no había dos asientos vacíos juntos, por ende un pequeño niño se vio afectado al ver ese enorme trasero dirigirse encima suyo y no poder hacer nada al respecto, terminando cuasi aplastado y sin aire en sus pulmones, por lo que expresar algo en un grito le fue imposible. Para su suerte, la parada siguiente era la suya así que saltó de una forma indescriptible y pudo escapar de aquel asiento maldito. Ahora sí, ¡los dos asientos eran suyos! Siete minutos más de viaje y la travesía llegó a su fin. Se paró, pidió infinitos "permisos" y "disculpas" y al fin se bajó. Un ómnibus entero lo agradeció.
Para su suerte, la oficina pública en la gastaba sus horas útiles se encontraba a media cuadra. Caminó con paso relajado hasta ahí, abrió la puerta de personal y entró.
Fin del capítulo dos, ya se vendrá en tres :D

jueves, 3 de febrero de 2011

Yo no se por qué.



































Un día te despertaste y dijiste: ¿dónde quedaron los juegos de cuando éramos niños? Y ahí lo notaste, ya no estaban. Te calzaste las pantuflas y empezaste a recorrer espantado tu habitación de un rincón a otro, sin hallar nada. Primero buscaste abajo de la cama, seguiste por arriba del ropero y llegaste hasta el fondo de la repisa pero, nada. Allí no había nada. Un poco más tranquilo, pero todavía asustado decidiste pellizcarte para ver si todo eso era o no un sueño, dolió, así que estabas despierto. Fuiste al baño, en un intento desesperado por descubrir si los juegos se escondían detrás de la cortina de la ducha, pero no, la corriste y no había nada.
Fuiste al patio del fondo, y te diste cuenta de que las hamacas de madera que te había hecho tu tío para tu sexto cumpleaños no estaban más y en su lugar había un montón de hojas y ramitas resultantes de la poda de los pinos. Con tu mano derecha restregaste tus ojos para comprobar si lo que veías era cierto y así era, allí no había más que un cansado perro durmiendo, pasto, una parrilla sucia de hollín y un pequeño cobertizo con la puerta algo arruinada por la humedad, lo que te dejó desolado. ¿Tan rápido había corrido el tiempo? ¿Hacía tanto que habías descartado ese precioso tobogán por el descodificador digital? Las preguntas eran obviamente retóricas.
Entraste, te serviste un café y cuando tu hermanita bajó de su habitación al comedor la saludaste con un beso y un largo y apretado abrazo que le dejó los bracitos doloridos, cosa que impresionó un poco a tu madre. Se sentaron a la mesa y le preguntaste si se acordaba de sus juegos de niña, de los libros de cuentos, de las "aventuras en el cantero del medio", y te contó acerca de una mujer. Una mente brillante, una verdadera maestra del entretenimiento infantil. Luego de contarte acerca de como mataba las aburridas tardes de siesta con sus canciones, tanto tú como tu hermanita se miraron con cara sorprendida. ¿Pero cómo es posible? Estás hablando de la misma autora del pequeño librito acerca de la "Jirafa no sé qué" que tanto te gustaba de pequeño y de la canción que hasta el cansancio escuchaba tu hermanita en formato mp3. A lo que tu madre con mirada comprensiva te dijo: "Sí hijo mío, esa mujer ya ha alimentado la imaginación y ha divertido a más generaciones que cualquier otra. Le ha dado rienda suelta a su creatividad y ha demostrado que, con un par de prosas o unos minutos de música, la infancia puede ser algo mucho más hermoso y alegre". Las palabras quedaron colgando en el aire, como la lampara que iluminaba las cenas y tú simplemente sonreíste, le diste un sorbo a tu café y te fuiste a cambiar para ir al liceo. Es que sí, ya estás en tu último año, y vuelves a pensar "como vuela el tiempo", pensando como si fuera ayer cuando descalzo saltabas y bailabas en la mesita ratona del living (la cual hoy en día con solo sentártele encima se quebraría) con un calzón en la cabeza y una media en cada brazo durante horas, sin que nada te importara y con la idea de que todo era fantástico e impecable y que ese momento duraría para siempre. 






Esto va dedicado a la maravillosa María Elena Walsh que desde La mona Jacinta en 1960, pasando por Una jirafa filarmónica en el 96 hasta el clásico que luego llegó la gran pantalla en 1999, Manuelita, ¿dónde vas?, supo maravillar a generaciones de una misma familia con una magia y una sana diversión inigualables por ningún otro jamás. A la madre que todavía ríe, al adolescente que pone cara de serio pero que por dentro esboza una pícara sonrisa y a la niña, la inocente niña, que sabe que todavía faltan muchas travesuras por cometer y que muchas naranjas aún quedan por pasear de la sala al comedor.


Muchas gracias, de corazón, ya que iluminaste a este iluso y tontuelo pequeñín con tus rimas y oraciones de una manera que nunca nadie más logró durante su infancia. Ya que cada vez que pienso en alguna de tus composiciones me viene a los ojos ese brillito especial que me recuerda un tiempo pasado que tantas sonrisas me dio. Sé que esto es poco, pero es mi humilde agradecimiento. Simplemente gracias por todo lo que me brindaste. Hasta siempre soñadora.








María Elena Walsh, 1 de febrero de 1930 - 10 de enero de 2011. 

"Manuelita la tortuga" (1962):


Manuelita vivía en Pehuajó




pero un día se marchó.
Nadie supo bien por qué
a París ella se fue
un poquito caminando
y otro poquitito a pie.

Manuelita, Manuelita,
Manuelita dónde vas
con tu traje de malaquita
y tu paso tan audaz.


Manuelita una vez se enamoró
 de un tortugo que pasó.
Dijo: ¿Qué podré yo hacer?
Vieja no me va a querer,
en Europa y con paciencia
me podrán embellecer.

En la tintorería de París
la pintaron con barniz.
La plancharon en francés
del derecho y del revés.
Le pusieron peluquita
y botines en los pies.

Tantos años tardó en cruzar el mar
que allí se volvió a arrugar
y por eso regresó
vieja como se marchó
a buscar a su tortugo
que la espera en Pehuajó.

domingo, 30 de enero de 2011

Ah, listo.

¿Qué onda? ¿Somos TODOS amigos ahora? 

Un día no sos NADIE y al siguiente andas posteando esto y aquello por aquí, por acá y por acullá. Mandando mensajes, haciendo llamadas, ¿saliendo a bailar? No entiendo, la verdad que no entiendo un carajo qué es lo que ocurre. Y encima, como si fuera poco, abres tu boca y con ello dices un montón de líneas, frases y oraciones subordinadas que me afectan a mi. Cosa que no me parece para nada bien. Las cosas hay que hacerlas bien, y que hayas aparecido de la noche a la mañana no quiere decir que ya puedas andar por ahí haciendo lo que quieras, actuando como quieras y jugando a ser grande y tenerlas todas claras.
¿Quién te crees? Para mí, eres solo un pequeño pez de arroyo jugando en el océano, y debo de advertirte por tu propio bien, que en el gran mar hay peces mucho más grandes y tiburones, feroces tiburones de esos que poseen tres series de dientes cada uno más afilado que el anterior. 
Mira que aquí las cosas se aprenden a los tumbos, y uno se da muchos pero muchos porrazos. Y duelen, oh sí que duelen.
La actitud no es ir por la vida hablándote con esta y con aquella, imponiendo opiniones y jugando sucio. No, si hay algo que no toleraré es el juego sucio. Podré ser egoísta, narcisista, antipático y hasta idiota, pero que cumplo reglas y códigos más viejos que yo, los cumplo. El doble discurso me parece patético. Un día soy una persona importantísima en tu vida, a la que le debes mucho, a la que le agradeces más aún y a la semana ¿"te chupo"? La verdad es que no te entiendo. Es cierto que al separar nuestros caminos podía pasar que nos volviéramos a encontrar y no en el mejor de los cruces, pero eso no quiere decir que te tuvieras que interponer en el camino de nadie. Yo llegué primero y por lo tanto reclamo lo que es mío. Tarde piaste querido.
Así que ya sabes, aquí las cosas son sencillas. Tú te ubicas en tu lugar, y todo sigue su curso normalmente. Y por favor, no te entrometas en lo que no te incumbe, no vengas si no te llaman y no trates de hacerte el vivo que después de todo cuando tú comprabas las naranjas y los duraznos yo ya me había tomado el licuado.


Pendejo.




Gorda Pelotuda.

Mañana en casa.


¡Oye! ¡Hey! ¡Gorda! Despierta. Te espera un largo día.
Hoy vas a tener que mirarte al espejo y decirte: ¡Qué cara' están las papas, che! Te vas a bañar, y mientras lo hagas, recorrerás toda la extensión de tu cuerpo con tus regordetes dedos, notando lo mucho que te cuesta llegar al extremo de ciertas extremidades y como hay partes de tu enorme cuerpo que se agrandan con el paso de los días, pero que mintiéndote descaradamente a ti misma, las sientes y te dices: me hinché.
Del ropero eliges aquel vestido ancho, de lineas verticales que tanto te gusta y que tanto usas para, como ya todos saben, disimular la contundente pelota que cargas a todas las partes.
Tomas tu bolso y saltas (bah, más bien caminas) a la siguiente habitación. La sartén cruje, la taza ya está cargada de café, los huevos van tomando color gracias a la innecesaria cantidad de manteca que les has puesto, y tú te arrimas contenta a la mesada de la cocina para manducarte toda esa enormidad de comida que devoras vorazmente en un abrir y cerrar de ojo. Tu estómago cruje un poquito, haces un corta parada en el baño, y te pones el saco negro que te regalaron para navidad.
Abres la puerta, y te vas a la parada del colectivo.
Otro capítulo comienza, éste de cierra.



jueves, 20 de enero de 2011

6 meses.

[Escrito para ser leído el 21 de Enero del 2011, publicado el 20 del mismo mes debido a que no sé si lo podré publicar el mismo día.]




En la vida de una persona promedio, seis meses no representan algo muy trascendental. Medio año, veinticuatro semanas no es mucho. No quieren decir mucho. Pero claro, eso en la vida de un pibe común y corriente, al que nada le ha ocurrido y el cual por nadie tiene que llorar.
Para mi seis meses son el tiempo transcurrido desde que te fuiste. Desde que desapareciste de la faz de la Tierra en alma, desde que falleciste.
Y uno se pone a pensar. 
En este tiempo terminé otro año de liceo, di mi primer examen (y lo salvé), me fui de vacaciones, me enamoré una vez, hubiera sido tu cumpleaños, fue el mío, fue navidad y hasta cambiamos el calendario de la cocina por uno nuevo. Pucha que se hacen cosas en seis meses que, a la vista de alguien inalterado por las desgracias que a veces ocurren, son insignificantes y carentes de sentido, pero que para una familia y un montón de amigos, se transforman en el primer mes sin, en el primer cumpleaños sin, en la primer navidad sin, y se siente eso, se siente en lo profundo del corazón, muy adentro, donde a veces uno se olvida que algo había ahí.
El tema es que el 21 ya es una fecha en la que algo más pasa. Este 21 es el cumple de Toni, y el de Febrero es el de mi viejo y el de mi amiga del Urban y en Marzo va a ser otra cosa, o sea, estoy llevándola y dándome cuanta de que ya van a ser 6 MESES, o sea, MEDIO AÑO. Un montón, un montonazo.
Este período de tiempo equivale a la cuarta parte del tiempo medio de "luto" establecido por psiquiatras en casos de esta índole. En otras palabras, un cuarto de dos años. Y sí, también fui a la psiquiatra debido a la perdida que hoy cumple seis meses, además de un par más que venía arrastrando. Ahora que lo pienso bien, lo único que no he perdido es la cabeza, debe de ser porque está pegada, y muy bien pegada. La doctora, la mujer con la que charlaba los jueves por la tarde la tiene muy clara (cosa que vengo repitiendo hace rato). Gracias a ella, en parte, es que mi punto de vista a cambiado y bastante. No voy a comenzar con el "carpe diem" y con la filosofía de vivir cada día como si fuera el último, pero no voy a negar que aprendía a valorarla distinta a la vida. Hoy por hoy mi perspectiva acerca de lo que ella significa y representa es mucho más amplia y puedo considerarme un "buen viviente". Y a lo que la psiquiatra también me ayudó fue a asimilar mejor tu partida. Hoy puedo estar escribiendo esto por segunda vez sin derramar lágrimas, y no es que no las sienta, que no me pesen o que mis ojos no se pongan vidriosos, pero puedo perfectamente escribir acerca del tema, hablar acerca de él, sin llorar.
Seis. Número maldito para el cristianismo, tanto que todavía me acuerdo del día seis de junio del dos mil seis (06.06.06 o 666) cuando toda, y no exagero, toda mi clase de primero de liceo estaba alborotada y hablaban del Día del Diablo como si el mundo fuera a acabarse, hoy ya sabemos que eso ocurrirá el 21.12.2012.
Me fui por las ramas, para variar. Tanto que esta es la sexta hojita del block en el que lo escribí todo. Y para quedar bien con la numerología, también será la última.
En resumidas cuentas, por más de que el maldito vacío a veces se presente, afortunadamente con cada vez menos frecuencia, ya pasaron seis meses desde que te moriste Yumi, ya pasaron seis meses desde que hablo acerca de mi hermana en pretérito, ya pasaron seis meses desde que te fuiste.
Y sin previo aviso, derramé una lágrima.

Llamada perdida.


- Hola.

- Hace mucho que no te llamaba, que no hablábamos.

- ¿Cómo estás?


- Pa, la verdad es que tengo ganas de salir contigo y que pongas cara de pancho porque necesito reirme un poco.


- Y quiero tomar vino, SÍ, quiero tomar vino con vos e ir por la rambla, caminar, charlar, joder, pelotudear un rato y nada, eso. ¿Cómo estás?




- Creo que ya te lo pregunte eso.


- ¿Y la UTU?


- ¿Terminaste 2do nene? ¿O vas a recursar dos materias?


- ¿O tres como la Letu?


- ¿Sabés qué? Te extraño. Listo, lo dije.


- Yo sé que atomizo (como en la Open, perdón por eso), pero contigo necesito decir las cosas.




- Ale, me voy a cenar, Pati hizo milanesas.


- Te quiero mucho abollado, chau.




[Y este es el momento en el que aprieto el botón rojo y suelto una lágrima, como ahora].